Programa Manos que acompañan de ASISPA para personas cuidadoras y familiares

Movilizaciones y transferencias de forma ergonómica para proteger a quien cuida y a quien es cuidado

Mover a una persona en situación de dependencia es una de las tareas más habituales del cuidado diario. Ayudar a girarse en la cama, a incorporarse, a sentarse, a levantarse de una silla… Son acciones que se repiten varias veces al día y que, realizadas de forma incorrecta, suponen uno de los principales riesgos de lesión para quienes cuidan.

El dolor de espalda, las contracturas cervicales, las lesiones de hombro y las molestias en rodillas y muñecas son consecuencias muy frecuentes entre personas cuidadoras que no conocen o no aplican los principios básicos de la ergonomía. Y lo más importante: son en gran medida prevenibles.

En esta entrada te explicamos cómo mover a la persona a la que cuidas de forma segura, protegiendo tu cuerpo y el suyo, con técnicas sencillas y principios ergonómicos básicos que puedes aplicar desde hoy.

«Cuidar tu espalda mientras cuidas a otra persona no es egoísmo: es la única forma de poder seguir haciéndolo durante mucho tiempo.»

¿Qué es la ergonomía en el cuidado?

La ergonomía es la ciencia que estudia cómo adaptar las condiciones de trabajo al cuerpo humano para reducir el esfuerzo, prevenir lesiones y mejorar la eficiencia. Aplicada al cuidado, significa aprender a mover y movilizar a otras personas de la forma más segura posible para ambas partes.

Más del 50 % de las lesiones musculoesqueléticas en personas cuidadoras están relacionadas con las movilizaciones y transferencias. La buena noticia es que la mayoría son prevenibles con una técnica correcta, sin necesidad de tener más fuerza, sino de usarla mejor.

Las zonas del cuerpo más en riesgo

Zona lumbar

La más afectada. Soporta el mayor impacto al agacharse y cargar.

Hombros

Sobrecargados al tirar, empujar o sostener en posiciones forzadas.

Rodillas

Afectadas por las flexiones repetidas sin técnica adecuada.

Muñecas

Sobrecargadas por agarres inadecuados durante las movilizaciones.

Los principios básicos de la ergonomía en el cuidado

Espalda recta

Mantén siempre la columna alineada. Nunca te inclines hacia delante con la espalda arqueada.

Dobla las rodillas

Flexiona las rodillas en lugar de la espalda para bajar el centro de gravedad.

Carga cerca del cuerpo

Cuanto más cerca del cuerpo esté la persona, menos esfuerzo necesitas hacer.

Gira los pies, no la espalda

Para cambiar de dirección, mueve los pies. Nunca gires la columna con carga.

Usa las piernas

La fuerza debe venir de las piernas, nunca de la espalda. Son los músculos más grandes y potentes.

Aprovecha la colaboración

Pide siempre a la persona que colabore en la medida de lo posible. Cada pequeño gesto reduce tu esfuerzo.

Movilizaciones frecuentes: cómo hacerlas bien

Girar a la persona en la cama

Para cambios posturales y prevención de úlceras por presión

Los cambios posturales deben realizarse cada 2-3 horas en personas encamadas para prevenir las úlceras por presión. La técnica correcta protege tu espalda y es más cómoda para la persona.

  • 1. Coloca la cama a la altura de tus caderas si es articulada. Evita trabajar con la cama muy baja.
  • 2. Sitúate en el lado hacia el que vas a girar a la persona. Separa los pies a la anchura de las caderas.
  • 3. Flexiona la rodilla y el brazo de la persona hacia el lado del giro para prepararla.
  • 4. Coloca una mano en el hombro y otra en la cadera. Mantén la espalda recta y las rodillas ligeramente flexionadas.
  • 5. Gira a la persona usando el peso de tu cuerpo, no la fuerza de tus brazos. Avisa antes de cada movimiento.
  • 6. Coloca almohadas o cuñas de posicionamiento para mantener la posición lateral de forma cómoda y segura.

Incorporar a la persona desde la cama

Para pasar de tumbada a sentada en el borde de la cama

Incorporar a alguien desde decúbito supino directamente tirando del tronco es uno de los errores más frecuentes y peligrosos. La técnica correcta utiliza el giro lateral como paso previo.

  • 1. Primero gira a la persona de lado, con las rodillas flexionadas, hacia el borde de la cama.
  • 2. Coloca un brazo bajo sus hombros y el otro bajo sus rodillas.
  • 3. Con un movimiento coordinado, eleva los hombros mientras bajas las piernas fuera de la cama. La persona queda sentada de forma natural sin esfuerzo excesivo.
  • 4. Mantén tu espalda recta durante todo el movimiento. Si la cama es regulable, súbela antes para no tener que agacharte.
  • 5. Espera un momento antes de levantarla para evitar mareos por hipotensión ortostática. Pregunta cómo se encuentra.

Ayudar a levantarse de la silla o sillón

Transferencia sedestación a bipedestación

Antes de ayudar a levantarse, comprueba que el calzado es adecuado y que no hay obstáculos alrededor. Favorece siempre la máxima participación de la persona.

  • 1. Pide a la persona que se desplace hacia el borde de la silla y que coloque los pies firmemente en el suelo, ligeramente retrasados.
  • 2. Sitúate frente a ella, con los pies separados y las rodillas ligeramente flexionadas. Coloca un pie ligeramente adelantado para mayor estabilidad.
  • 3. Coloca tus manos en sus caderas o usa un cinturón de transferencia. Nunca tires de sus brazos ni de su ropa.
  • 4. Indica a la persona que se incline hacia delante —»nariz sobre los dedos de los pies»— y que empuje con los brazos en los reposabrazos.
  • 5. Acompaña el movimiento con tus piernas, no con tu espalda. El impulso viene de las rodillas al extenderse, no de tu espalda al tirar.

Transferencia de silla a silla o silla a cama

Este tipo de transferencia requiere una buena preparación del espacio y, si la persona colabora mínimamente, puede realizarse de forma segura con una sola persona.

  • 1. Coloca la silla de destino en un ángulo de 45° respecto a la de origen, lo más cerca posible. Bloquea las ruedas si las tiene.
  • 2. Retira los reposabrazos o reposapiés que puedan obstaculizar el movimiento.
  • 3. Ayuda a la persona a ponerse de pie siguiendo la técnica anterior, girando hacia la silla de destino.
  • 4. Con pequeños pasos, gira junto a la persona hasta quedar de espaldas a la silla de destino.
  • 5. Acompaña el descenso controlado hacia la silla, asegurándote de que queda bien posicionada antes de soltarla.

Errores frecuentes que hay que evitar

❌ Error frecuente ✅ Correcto
Incorporar a la persona tirando directamente de sus brazos o del tronco desde posición horizontal. Girar primero de lado y luego incorporar usando el peso de las piernas como palanca natural.
Trabajar con la cama demasiado baja, obligando a agacharse con la espalda arqueada. Regular siempre la altura de la cama a la de las caderas de quien cuida antes de cualquier movilización.
Girar la columna mientras se sostiene el peso de la persona. Mover los pies para cambiar de dirección, manteniendo siempre la columna alineada.
Hacer toda la fuerza con los brazos y la espalda, sin implicar las piernas. Usar las piernas como motor principal del movimiento. Son más fuertes y resisten mejor el esfuerzo.
No pedir la colaboración de la persona, haciéndolo todo sin que ella participe. Aprovechar siempre la capacidad residual de la persona. Su colaboración, aunque sea mínima, reduce el esfuerzo y preserva su autonomía.

La comunicación durante las movilizaciones

Una movilización técnicamente perfecta pero realizada en silencio y sin preparar a la persona puede generar miedo, tensión muscular y rechazo. Antes de cada movimiento, explica brevemente lo que vas a hacer y pide su colaboración: «Vamos a girarte hacia este lado, ¿puedes ayudarme doblando la rodilla?»

La persona relajada pesa menos, colabora más y el movimiento fluye con mucho menos esfuerzo. La comunicación no es un añadido: es parte de la técnica.

✅ Espalda protegida

✅ Movimientos seguros

✅ Persona cómoda y colaboradora

✅ Menos esfuerzo, más eficacia

⚠️ Cuándo pedir ayuda

  • Si la persona pesa mucho o no puede colaborar en absoluto, valora siempre la posibilidad de contar con otra persona o de usar productos de apoyo como la grúa o el cinturón de transferencia.
  • Si sientes dolor en la espalda u otras zonas durante o después de las movilizaciones, es una señal clara de que algo en la técnica no es correcto. Consulta con el terapeuta ocupacional o fisioterapeuta.
  • No esperes a lesionarte para pedir orientación. Una sesión de formación práctica puede prevenir años de dolor.

Para recordar

Mover bien no es cuestión de fuerza: es cuestión de técnica. Con los principios ergonómicos adecuados, una persona de complexión media puede movilizar de forma segura a otra persona mucho más grande. Lo que marca la diferencia no es cuánto puedes cargar, sino cómo lo haces.

 

Pregunta para reflexionar:

¿Hay alguna movilización concreta que te resulte especialmente difícil o que notes que te sobrecarga físicamente? ¿Crees que la técnica que utilizas actualmente es la más segura para ti y para la persona a la que cuidas?

 

 

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